Seguro que alguna vez te ha pasado algo en tu vida, y has
pensado al instante: “esto parece que estaba escrito”. Conocer o separarnos de
alguien de una forma poco común, alcanzar un objetivo que influía directamente
con otro aspecto importante de tu vida sin ni siquiera saberlo; incluso
coincidencias del día a día que pueden parecer absurdas, como pensar en alguien
y recibir al minuto una llamada de esa persona, o decir una palabra y que el
personaje de la serie de televisión que estabas viendo la repita al momento. Lo
cierto es que la idea de la existencia de un camino que nace desde el primer
día de nuestra vida, y que nos guía a través de ésta sin que nosotros lo
sepamos, es algo que ha rondado la mente del hombre desde tiempos remotos.
Frases como “todo pasa por algún motivo”, “todo se andará” o “ese es tu
destino, no lo puedes cambiar” nos rodean constantemente, influencia de un
pasado histórico como humanidad, en el que la figura del sino ha tenido una
importancia realmente relevante para el ser humano. Que tire la primera piedra
–hablando en términos bíblicos- quien nunca se ha planteado nada parecido,
quien nunca le haya dado vueltas a este asunto, o haya sentido curiosidad o
cierta inquietud por él.
En este artículo no vamos a ofrecerte una respuesta,
obviamente. Pero vamos a realizar un recorrido histórico-cultural para conocer
el origen de la concepción de esa misteriosa, -y para algunos, incluso
angustiosa-, palabra que nos acompaña consciente o inconscientemente desde
siempre: el destino.
El principio del principio
Ya la cultura celta
tenía sus propias creencias sobre el destino. En sus ritos liderados por
druidas, el Círculo de Abred
representaba el círculo de la fatalidad, entendida como el destino inevitable.
Representa la rueda del dios Sucellus, el cual podía ver el destino de los
hombres.
En las creencias hindús,
el famoso Karma también es una forma
de entender el destino. Significa que cada acción tiene su reacción, y que todo
acto realizado vuelve de alguna forma a nosotros; algo muy parecido y
relacionado con ello es la Ley de Causa
y Efecto (o Efecto Boomerang),
la cual explica más de lo mismo: no hay efecto sin causa; todo el Universo está
creado por una causa, nada nace de la nada; todo lo que sucede en el presente
es lo que has creado en el pasado, y todo lo que estés creando en el presente
es lo que te sucederá en el futuro.
Mitología
Una de las leyendas mitológicas más hermosas que han llegado
a nuestros días sobre el sino es, sin duda, la Red de Wyrd de la cultura escandinava. Ésta estaba tejida por tres
hilanderas, las llamadas Nornas,
diosas del destino, descendientes de Wyrd, la diosa del destino y la fatalidad:
Urd (pasado), Verdandi (presente) y Skuld (futuro). Tejían la Red al pie del
fresno Yggdrasil, el cual regaban y cuidaban para que siempre luciera hermoso.
La Red de Wyrd representaba el complejo entramado entre las vidas de los
humanos, y cada nudo de la red era una acción, que podía desembocar en uno u
otro hilo, y así seguir uno u otro camino.
La mitología grecorromana también contemplaba aspectos muy
parecidos. Así, para los griegos, las Moiras
eran las tres personificaciones del destino (Cloto, Láquesis y Átropos), que
controlaban el hilo de la vida de cada mortal, el cual cortaban cuando la vida
de éste debía llegar a su fin. La primera tejía el hilo de la vida; la segunda,
medía la longitud del hilo; y la tercera finalmente lo cortaba.
El equivalente para los romanos, las Parcas, eran tres hermanas hilanderas (Nona, Décima y Morta) que,
al igual que las Moiras, controlaban la vida de los mortales a través de un
hilo vital. Eran temidas incluso por los dioses, y escribían el destino de los
hombres en un enorme muro de bronce que nadie podía borrar.
Sea como fuere, la tendencia del hombre a dejar las acciones
de su propia vida en manos de un ente superior, una fuerza sobrehumana e
inexorable que controlara los acontecimientos que por sí mismo no lograba
explicar, siempre ha estado presente en nuestra naturaleza como seres humanos.
Puede que la existencia del destino sea una mera costumbre heredada por la
creencia de nuestros antepasados, como bien hemos visto; o puede que haya algo
más, que realmente nuestros caminos estén escritos y descritos por una pluma de
tinta invisible, y que ayer cuando te dejaste las llaves del coche en casa y
tuviste que volver a recogerlas, cruzándote con tu vecino del quinto en el
ascensor, no fuera una mera casualidad.
Lo que sí que podemos afirmar es que desde tiempos remotos,
el hombre ha creído en la conexión de acontecimientos; y no sólo de eso, sino
también de las personas. La Red de Wyrd nos conecta unos a otros a través de
nuestras acciones; el Karma implica que las acciones que cometemos, repercuten
en otros y en nosotros mismos. Lo que me lleva a recordar la famosa Teoría de
los Seis Grados, de la que ya hablaremos en otro artículo…
Entonces, ¿somos fruto de la casualidad, al igual que todo
lo que nos rodea, o existe una cadena de acontecimientos atada a nosotros desde
niños llamada destino? ¿Tu ex te ha dejado porque sí, o tiene otra explicación
relacionada con tu futuro? Dejamos las preguntas en el aire, y que cada cual
las responda según su criterio. Lo que bien es cierto es que no podemos vivir
pendientes del “qué pasará”, porque entonces se nos olvidará vivir el “está
pasando”, y ese es un error que no podemos permitirnos. Creamos o no creamos en
el destino.

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