TodavĆa se me hace raro no
tenerte aquĆ. Y eso que ya ha pasado un tiempo. Pero supongo que estas cosas
son asĆ, nunca se termina de llenar el hueco. Y tu hueco es tan grande…
Me enseƱaste tantas cosas… A tu
manera, como todo lo que hacĆas; pero fĆjate si lo hacĆas bien que a dĆa de hoy
todavĆa las recuerdo, y muchas de ellas las sigo poniendo en prĆ”ctica.
Me secaste tantas lƔgrimas. Me
curaste tantas heridas. De esas que me hacĆa con caĆdas tontas, esas de las que
todavĆa me quedan cicatrices. Pero, ¿y lo que reĆmos? Aunque tambiĆ©n te hice
enfadar con mis terquerĆas y niƱerĆas, eso lo asumo. Aun asĆ, me tenĆas tan
mimada que se te pasaba enseguida.
Recuerdo tu voz acompaƱando esas
rancheras que tanto te gustaban. Siempre ibas canturreando algo, canciones que
aprendiste de niƱo, o simplemente silbando. Recuerdo tus sombreros de paja, tus
monos azules de trabajo. Tus manos, siempre Ć”speras y frĆas. El columpio. Los
paseos en bici. Esas tardes de primavera que me pasaba enteras revoloteando
alrededor de ti como una abejita mientras tĆŗ intentabas trabajar en algo,
cuidando de que no me pasara nada. Yo era tan pequeƱa, y a ti te veĆa tan
grande…
Recuerdo la última vez que hablé
contigo. Ya no sabĆa cómo hacerlo, de repente empezabas a ser un desconocido, y
creo que a ti te pasaba lo mismo conmigo. La pequeƱa abejita ya no era tan
pequeƱa; le habĆan crecido las alas y habĆa echado a volar. Pero juro que si
hubiera sabido que era la Ćŗltima vez, no habrĆa dicho lo que dije. No habrĆa
sido tan frĆa.
Recuerdo el dĆa que nos
despedimos de ti. Fue un dĆa gris, casi negro. TodavĆa siento el nudo en la
garganta al recuperar esas imĆ”genes de mi memoria. Creo que aquel dĆa fue
cuando realmente comprendĆ que no volverĆa a verte nunca mĆ”s, cuando te tuve
delante sin tenerte. Y llorĆ© como nunca antes habĆa llorado mientras pensaba “Si Ć©l me estuviera viendo, me dirĆa: no me llores,
que te pones muy fea cuando lloras”. Y me puse fea, crĆ©eme. Pero no me
importaba.
Hace ya dos aƱos que no estƔs
aquĆ, y me han parecido dos siglos. Dos Navidades comiendo polvorones y
brindando con cava, siempre mirando hacia tu sitio, tan vacĆo ahora,
imaginĆ”ndote todavĆa sentado ahĆ, con una gamba en cada mano. Dos febreros
calculando la edad que habrĆas cumplido y guardĆ”ndote tu pedazo de tarta,
rellena de recuerdos y espolvoreada de aƱoranza. Ah, y tendrĆas que ver a la
peque… Es el doble de bichito de lo que fui yo. “AhĆ es na'”, como tĆŗ decĆas.
SĆ© que las personas nos vamos en
algĆŗn momento, que es ley de vida. Pero tĆŗ te me fuiste muy pronto. TodavĆa te
quedaban muchos “¡Ay, mi rubia!” por
decirme; muchas noches de verano sentado en el escalón de la puerta mirando
hacia las estrellas y pidiƩndoles deseos; muchas regaƱinas; muchos momentos.
TodavĆa no estaba preparada para perderte, para dejarte ir adónde quiera que
estƩs. Porque, aunque me declare no creyente ni en Dioses ni en Cielos, sƩ que
tĆŗ siempre vas conmigo. Con nosotros. Aun asĆ, te echo mucho de menos.
Te quiero y te querrƩ. Siempre.
De tu niƱa, (ya no tan niƱa)
Aless.
